
decidió que no era necesario decir nada.
a veces todo podría entenderse de esa manera.
como suponiendo. como aceptando.
Le había llamado la atención el sonido de los pájaros
cuando comenzaba a amanecer,
porque siempre estaba despierta.
su vida era así. un continuo despertar de estar despierta.
como una caída inversa.
como la forma más clara de decir lo que deberíamos obviar.
ya era de tarde. no sólo pájaros, sino perros, gatos, vecinos,
transporte público y humo. pensó que era tiempo de llamar.
pero no lo hizo. siempre dejaba atrás los momentos decisivos.
evitaba los finales como las multitudes.
ahora un cuarto. adentro del cuarto todo lo que tiene.
sólo ella y el cuarto. luego el sistema de músculos involuntarios,
las contracciones, las inserciones.
después la imposibilidad de la imagen del habla.
el recuerdo de los recuerdos como la sensación y el salto
y la contracción de la mandíbula al momento de mirar
casi siempre de costado, o desde el piso.
las posibilidades de que algo suceda mientras algo se acaba.
al mismo tiempo. exactamente al mismo tiempo
como intentando dejar sin efecto la posibilidad
de un instante en blanco,
suficiente para destrozar lo que quedaba de ella.
ahora noche. tal vez más tarde lluvia.
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